Esta droga circula en mí Y no alucino, ni suelto Este vino navega mi paladar Sin embriagar mis sueños El pulso no se acelera Mientras recorro tus calles Y encuentro enredaderas Camino tus pasos y me hundo… Me humedezco y no son tus labios. Conduzco hacia todas tus rutas Y hay desniveles, pequeños atajos Pero

Todos los poemas de esta noche huelen al dulce caos de medias palabras entredichas, se amontonan, se envuelven, se desatan a los ojos desnudos y me están vaciando y llenando de una vez mientras todo el sentimiento se prende de la distancia con una enredadera de detalles finos, precisos, en desorden , que construyen montañas

Deriva

Cuando el mundo no es la gran cosa, no vale fingir felicidad, fidelidad, facilidad. Solo es permitida una placentera deriva, o una espera paciente de las sensaciones que han de desplazarse en vuelos que llegan justo a tiempo. El ser se hace consciente, de una añorada individualidad. Con esta ceguera cotidiana me permito unicamente observar

Tu realidad

tener tu realidad colocarla aquí y pretender fragmentarla, moviendola de lado a lado la guardaría en mi colchón dormiría en su superficie esperaría al deshielo de las sombras estiraría las imágenes hasta hacerlas sufrir, agrandando los colores y los relieves: como fantasmas surcando las líneas de mis manos, metería mis sienes en lo profundo. me

Ella

Camina por ahí Regresa Observa sus labios Guardan palabras Toca su piel Protege emoción Acaricia su talle Cierra los ojos ¿qué siente? Azul, azul Desvaneciéndose en la cintura En la oscuridad los objetos recobran el espíritu Yo abro los ojos Ella se esconde, Regresa a mí una vez más y su piel interminable, blanca, húmeda,

Clic

Te elijo, Te defino Veo a través de tus pupilas Revivo la sensacion de mi rostro en tu espalda… Te llevo Al Intercambio de sombras Al pequeño cielo En el que te he aprehendido, Al encuentro Que se excede, nos transforma Nos respira, nos besa, te envuelve, Se introduce en tu mente, Y entre los

Te escribo

En ocasiones, cuando te veía llegar y mi emocion era tan poderosa que se paralizaban mis manos, me ponía a escribir; empezaba mis cartas explicándote por qué necesito envolverme en papel para expresarte lo que quiero, y así con cuidado iba bordando ese eterno diálogo… cada letra pasaba por cada una de tus líneas y