Yo fui poseída por tus talentos. Me dejé pintar como cuerpo abstracto, así… con todas esas formas y colores que solo tu entendías. -Eres el mar-, decías, y cantabas en voz baja mientras deslizabas tus manos por el lienzo. Todavía tengo pintura en los dientes y en el pelo; también quedan por ahí tus huellas pintadas en mi pecho.

Hacías murales en mi espalda cuando te embriagabas en el camino de luces que encontramos. Te enajenabas de tantos cuentos de hadas leídos al azar, y creías que yo era una especie de Gulliver afeminado, gigante por dentro. Moldeabas mi carne débil con tu seducciòn de escultor, buscando ternura al hurgar en mi espacio.

A mí solo me encantaba meditar en tus ojos de azul sereno, y meterme en lo profundo, con tu alma reposando al abrazarme.

Pero eras tú quien abrías todo espacio y llegabas tan dentro que aún puedo delinear los colores del ir y venir de nuestro aliento.

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