Ya no tengo sombra, ni cielo, ni oído. Solo caminos por conjugar y muchas miradas. Todo va en plural -Amores, centinelas- y bellezas, distantes. Voy yendo a mi propio alumbramiento por las noches, en las calles más cercanas a las nubes, rumbo hacia el valle en el que me libero. La memoria, ese gran caleidoscopio , y las pausas que llenan la nada, tanto amor hacía el fondo desembocando entrañables silencios.

Y aparece entonces, sin mas odiseas, ni artificios, la energía que esboza una sonrisa

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