Deriva

Cuando el mundo no es la gran cosa, no vale fingir felicidad, fidelidad, facilidad. Solo es permitida una placentera deriva, o una espera paciente de las sensaciones que han de desplazarse en vuelos que llegan justo a tiempo. El ser se hace consciente, de una añorada individualidad.

Con esta ceguera cotidiana me permito unicamente observar los colores y las formas de los objetos, las personas. Quedando solo el gran sonido, la música delicada; esa sonrisa imparable del tiempo, las rutas interiores, los grandes abismos, ensalzan las tragedias con una belleza cierta, conspirada, mas allá de mí.

Nostalgia que se va y desviste el cuerpo, los tactos, mientras a ritmo cautivo en el pecho voy llegando, desprendiéndome.

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