Te robo apenas un minuto, como quien se tropieza con una tonta excusa, para colarme de rondón en tu silencio. El minuto exacto que me llevará deslizarme, volverme papel entre tus dedos, para contarte un par de simplezas: Como que llego empapada por una lluvia fugitiva que ya plañe, más que atruena, sus últimos exabruptos; que la tierra y el polvo mojado se dejan sentir desde mi ventana abierta, ahora que escampa; que el asfalto reverbera tornasolado entre la escasa vegetaciòn; que, batidos por la lluvia, mis pensamientos de ti comienzan a hermosear el aire con su fragancia… y que tiempo, me devuelve abismada a aquel otro dìa en que por primera vez descubri tu existencia. Y, con ella, aún retenida entre la mìa, te cuento estas tonterías y ya me voy, tras buscarte de entre todas las miradas que deben tus hermosos ojos.

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